jueves, 15 de septiembre de 2011

Sentimiento

Dos mentes unidas por un mismo pensamiento. Dos corazones guiados por un único sentimiento. Dos pares de ojos fundidos por dos miradas. Dos manos entrelazadas por un mismo tacto. Dos bocas selladas por un beso.

 

lunes, 12 de septiembre de 2011

Cruce de miradas


El ambiente estaba caldeado. Olía a humo y había mucha gente. Sin embargo, la música era buena, así que decidimos quedarnos allí. Llevábamos un buen rato buscando un local que fuera a gusto de todos, tarea un tanto complicada pero que al final pareció conseguirse.

Tras nuestra última pelea, hacía tan sólo dos días que no sabía de él, pero para mí aquello me había parecido semanas, meses. En definitiva, una eternidad.

La necesidad de estar junto a él me urgía por las venas, desembocando en mi corazón y antojándoseme un sentimiento de tristeza, frustración, añoranza…

Sacudí la cabeza. No debía pensar en ello. Estaba dispuesta a olvidarme de todo aquella noche y pasármelo bien. Además, la música ayudaba. Giré la cabeza y vi a mis amigos bailando al son de la misma. Me uní rápidamente a ellos, dejando que la melodía me envolviera, activando todos mis sentidos y alejando mi mente de cualquier pensamiento.

Al cabo de un rato, estábamos todos saltando, sonriendo, divirtiéndonos. Habíamos creado un círculo y cantábamos a voz de grito todas las canciones que conocíamos. Cambié una mirada con María, mientras bailaba con ella.

Fue entonces cuando ocurrió. El cuerpo entero se me paralizó, y no podía alejar la vista de allí. Un cabello moreno y una constitución que conocía a la perfección asomaron entre el gentío. Alcancé a elevar la mirada y ver cómo la suya se cruzaba con la mía. Desvié la vista rápidamente, pensando que simplemente eran alucinaciones mías. Volví a mirar… y vi sus ojos clavados en los míos. Sin embargo, su mirada no era de odio o de rencor, si no….

        -  Ey, tía. ¿Qué te pasa? – mi amiga miró en mi misma dirección, pero él ya se había
           ido.

        - Nada, no te preocupes.

Intenté concentrarme de nuevo en la música, volver a moverme a su son. Pero mi mente bullía a cien por hora y mi corazón latía con tanta fuerza que pensé que se me iba a salir del pecho. Alcé de nuevo la vista, para ver si se le veía. No hubo suerte. <Se habrá ido ya>, pensé.

       - Voy a salir un rato fuera. Vengo ahora.

       - Espera, te acompaño –me respondió María.

       - No. Tú quédate aquí. No tardo.

Necesitaba salir de allí. Necesitaba despejarme, tomar el aire y volver a recobrar la cordura. El local se había vaciado un tanto, así que no me costaba mucho trabajo escurrirme entre la gente.

       - Ay, perdón –me había chocado con alguien, que, habiéndome molestado este gesto, 
         me había agarrado de la cintura con un brazo.

Sin embargo. Algo en ello me resultaba familiar. Miré hacia arriba para ver quién había tenido la osadía de cogerme así. Y, de nuevo, el tiempo pareció pararse, dejándome completamente sin una palabra coherente que soltar.

       - Vaya, pensé que te habrías marchado ya.

       - Puedes comprobar que no –sonrió Rubén. El silenció reinó entre ambos por un corto
          instante de tiempo, hasta que él lo rompió, tarareando la letra de la canción que 
          estaba sonando.

En seguida, me encontré bailando al compás de aquella música que ambos conocíamos. Le sentía peligrosamente cerca. Sin embargo, era un punto de atracción para mí. No podía alejarme de él. Y Rubén, a su vez, tampoco luchaba por separarse.

De pronto, todo empezó a darnos igual. Volvimos a retomar viejos tiempos, y, aunque manteníamos las distancias, notábamos a la perfección el uno el calor del otro.

Nos detuvimos. Su frente se apoyaba en la mía y había cerrado los ojos.

       - Dime cómo hemos llegado a esto –me dijo.

Suspiré.

       - No lo sé –me limité a decir.

       - Lo siento. Lo siento por todo –soltó de pronto, pero le corté poniendo un dedo sobre 
         sus labios.

       - Yo también lo siento. Pero, ahora, ¿qué más da ya? Prefiero pensar en el presente.
         Todos cometemos errores, sólo tenemos que aprender de ellos.

Una sonrisa se dibujó en sus labios. Esa sonrisa que tanto había añorado y la cuál se borró enseguida, porque depositó sus labios sobre los míos, suavemente al principio, luego con más pasión. Me cogió la mano y entrelazó sus dedos con los míos.

No sé cuánto tiempo permanecimos así, con la gente bailando a nuestro alrededor. Pero de lo único que estoy segura es que nos envolvimos en nuestra propia burbuja en la cual nadie podría romper aquel momento.