El
ambiente estaba caldeado. Olía a humo y había mucha gente. Sin embargo, la
música era buena, así que decidimos quedarnos allí. Llevábamos un buen rato
buscando un local que fuera a gusto de todos, tarea un tanto complicada pero
que al final pareció conseguirse.
Tras
nuestra última pelea, hacía tan sólo dos días que no sabía de él, pero para mí
aquello me había parecido semanas, meses. En definitiva, una eternidad.
La
necesidad de estar junto a él me urgía por las venas, desembocando en mi
corazón y antojándoseme un sentimiento de tristeza, frustración, añoranza…
Sacudí
la cabeza. No debía pensar en ello. Estaba dispuesta a olvidarme de todo
aquella noche y pasármelo bien. Además, la música ayudaba. Giré la cabeza y vi
a mis amigos bailando al son de la misma. Me uní rápidamente a ellos, dejando
que la melodía me envolviera, activando todos mis sentidos y alejando mi mente
de cualquier pensamiento.
Al
cabo de un rato, estábamos todos saltando, sonriendo, divirtiéndonos. Habíamos
creado un círculo y cantábamos a voz de grito todas las canciones que
conocíamos. Cambié una mirada con María, mientras bailaba con ella.
Fue
entonces cuando ocurrió. El cuerpo entero se me paralizó, y no podía alejar la
vista de allí. Un cabello moreno y una constitución que conocía a la perfección
asomaron entre el gentío. Alcancé a elevar la mirada y ver cómo la suya se
cruzaba con la mía. Desvié la vista rápidamente, pensando que simplemente eran
alucinaciones mías. Volví a mirar… y vi sus ojos clavados en los míos. Sin
embargo, su mirada no era de odio o de rencor, si no….
-
Ey, tía. ¿Qué te pasa? – mi amiga miró
en mi misma dirección, pero él ya se había
ido.
- Nada, no te preocupes.
Intenté
concentrarme de nuevo en la música, volver a moverme a su son. Pero mi mente
bullía a cien por hora y mi corazón latía con tanta fuerza que pensé que se me
iba a salir del pecho. Alcé
de nuevo la vista, para ver si se le veía. No hubo suerte. <Se habrá ido ya>, pensé.
- Voy a salir un rato fuera. Vengo
ahora.
- Espera, te acompaño –me respondió
María.
- No. Tú quédate aquí. No tardo.
Necesitaba
salir de allí. Necesitaba despejarme, tomar el aire y volver a recobrar la
cordura. El local se había vaciado un tanto, así que no me costaba mucho
trabajo escurrirme entre la gente.
- Ay, perdón –me había chocado con
alguien, que, habiéndome molestado este gesto,
me había agarrado de la cintura
con un brazo.
Sin
embargo. Algo en ello me resultaba familiar. Miré hacia arriba para ver quién
había tenido la osadía de cogerme así. Y, de nuevo, el tiempo pareció pararse,
dejándome completamente sin una palabra coherente que soltar.
- Vaya, pensé que te habrías marchado
ya.
- Puedes comprobar que no –sonrió Rubén.
El silenció reinó entre ambos por un corto
instante de tiempo, hasta que
él lo rompió, tarareando la letra de la canción que
estaba sonando.
En
seguida, me encontré bailando al compás de aquella música que ambos conocíamos. Le
sentía peligrosamente cerca. Sin embargo, era un punto de atracción para mí. No
podía alejarme de él. Y Rubén, a su vez, tampoco luchaba por separarse.
De
pronto, todo empezó a darnos igual. Volvimos a retomar viejos tiempos, y,
aunque manteníamos las distancias, notábamos a la perfección el uno el calor
del otro.
Nos
detuvimos. Su frente se apoyaba en la mía y había cerrado los ojos.
- Dime cómo hemos llegado a esto –me
dijo.
Suspiré.
- No lo sé –me limité a decir.
- Lo siento. Lo siento por todo –soltó
de pronto, pero le corté poniendo un dedo sobre
sus labios.
- Yo también lo siento. Pero, ahora,
¿qué más da ya? Prefiero pensar en el presente.
Todos cometemos errores, sólo tenemos que aprender de ellos.
Una
sonrisa se dibujó en sus labios. Esa sonrisa que tanto había añorado y la cuál
se borró enseguida, porque depositó sus labios sobre los míos, suavemente al
principio, luego con más pasión. Me cogió la mano y entrelazó sus dedos con los
míos.
No
sé cuánto tiempo permanecimos así, con la gente bailando a nuestro alrededor.
Pero de lo único que estoy segura es que nos envolvimos en nuestra propia burbuja
en la cual nadie podría romper aquel momento.